miércoles, 8 de septiembre de 2010

Allá voy.


Podemos poner ya el tercer punto de esta historia, y que acabe en suspensiva, pero ante todo, que acabe. Creo que llegados a este punto limítrofe y suicida no quedan más agallas que caigan en saco roto. Porque no será la primera ni la última, y como siempre, dentro de un tiempo, me reiré y te contaré solo lo bueno.
  
Andando en un mundo que poco tiene que ver con el que me cuida ahora, tengo el privilegio de guardar en esta cápsula del recuerdo algún puntapié que me distrajo en el camino. No hablo de puntapiés en la espinilla. Me refiero a esa continua voltereta que di sin a penas notarlo, consciente cada noche de donde estaba el suelo, e imposible de parar durante el día. Algo así como la previsión de una tenebrosa tormenta de la que pensaba que no me iba a mojar. Pensaba. Porque pensar, todos pensamos, obviamente. Porque soñar, todos soñamos. Y el conflicto cabeza-corazón se presenta cuando nos quedamos en ese límite, en una superflua e ingenua esperanza.
Si, creo que llené mi almohada con “propósitos” de año nuevo, que se ahí se quedaron, durmiendo.

Pero como todo pasa y todo llega, al final se despertaron. Y hoy, se me antoja el tiempo como un presente a largo plazo, como el conductor que solo ve la carretera que tendrá que recorrer.

Que la vida son dos días, y yo todavía no he empezado.

sábado, 17 de julio de 2010

Cordura.

A veces, ocurre que la locura que no lleva tiritas de psiquiatra nos invade en un revolcón de sueños.
Digo, que sólo a veces impregnamos la bombilla que por fin decide encenderse de respuesta y pregunta. Es decir, damos la victoria a esa batalla de nuestro razocinio con el bipartidismo que gobierna todo nuestro ser. De esta forma sucede, que en el momento en el que divisas la luz del final del túnel, ésta se te antoja como una santa resurrección de tus ideas, pero de súbito y sin perturbación que engañe, toda la verdad dirige sus sentidos al comienzo del dilema. El problema viene cuando la inmensa tranquilidad del primer rayo somete tanto a tu vanidad, haciéndola creer que la solución es de hormigón implacable, fuerte como el ruido que nunca se rompe, y por tanto simula ante el núcleo de todo ese barullo, que realmente nunca hubo conflicto, que todo está correcto.
 Y con un secreto a voces, todo se vuelve a enredar.

Pero sólo cuando nos alejamos en el tiempo, es cuando se puede ver claramente en el parte de lesiones que se trataba de una humana y simple esquizofrenia.
Como venda y herida, como inevitable olvido para quien teme ver algo más.

martes, 6 de julio de 2010

Siempre es Hoy.

El por qué de su porque nunca tuvo lugar en aquélla vida.

Pudo ser quizás por rendirle a cada impacto el merecido límite de los lutos de antaño. No quería la princesa de los mares caer sólo una vez en su historia, ni hacer del singular sus pasos hacia algún sitio.
Algunas cicatrices nos salvan la vida.

“Hay días y… días”, y con eso finalizaba más de un vacío indescifrable.

Lo cierto es que hablar en pasado no procede, ya que, es verdad que olvidamos la piel en el armario, pero seguía estando viva. Igual que ayer tuvo su hueco en la ruleta de utopías alguna sardina sin espinas, y seguramente fue inoportuno y totalmente absurdo, pero fuera como fuese, fue así.

Tal y como nace esta noche de 40 grados, paralelamente se ven los retos cada vez con menos pies. Y me alegra profundamente, me da paz y me da gloria.

Gracias a dios ya no existen noches sin eslabón ni tregua.

Son días y días, pa tu calma y pa tu risa...

lunes, 21 de junio de 2010

Merci beaucoup.

“¿Cuánto tiempo ha pasado desde los primeros errores…? Del interrogante en tu mirada…”



No es fácil entender que el instinto no acompaña en este sprint final.
Ya no se trata de blanco o negro, de encasillar el método y el fin. Es incómodo el querer desprenderse de uno mismo y agotar la introducción de cada noche con promesas utópicas como anestesia letal.

Y en la cara la expresión de siempre, y dentro, la cara de la verdad.

¿Sabes lo qué es esto? Impotencia malgastada, e imperfectos que negándose a la reinserción, te atropellan a cada paso que das.
Entonces llega el momento del día en el que das vía libre al grito cohibido, y éste, enfadado ya con su esclavitud, te revienta el impulso de levantar la cabeza, detallar cada huída de escape en vano, retroceder al punto de equilibrio y asimilar infinidad de actos subliminales, delatores del giro de 360 grados, inútil y desalmado.

Podría escribir una solución como desenlace e introducción de la realidad,

sin embargo, tengo que confeccionar un abrigo que vuelva a quererme,
construir cuatro paredes en las que no exista máscara para salir de ellas, y razonarle la moraleja buena (sincera y no inventada) al hobillo de miedo que no me permite saltar a mi terreno, al lugar donde se encuentra mi vida conmigo, mi corazón de siempre.
Ése que no soñaba con usurpar otro cuerpo, ése que me situaba en el cielo del podium.
Ése, que valiente y descarado tenía el don de hacer de sus latidos una droga tan benévola que sostenía mi risa sin necesidad de soltarla nunca.

Y hoy, después de que su voz, temerariamente desnuda y cálida, volviera a embaucar toda mi entereza, sin querer (o queriéndolo demasiado) he vuelto a cubrirme con aquellas sábanas, he vuelto a recordar que allí no importaba el pavor del día, no se convertía en el peso que seguramente he delatado anteriormente. Allí toda solución constaba de un simple acto: cerrar los ojos y recordar que tras aquella pared se encontraba mi confianza, mi batería inagotable. Allí se encontraba ella.

Y ya puestos a confesar…
Creo que un corazón no está sembrado únicamente de un alma. Creo, que mi alma, en concreto, late por dos, llora por dos y crece por dos.

Y por dos, sé que tengo que volver a renacer si la lluvia encharca el camino, que tengo que poner un fondo al agujero negro que tramaba succionarme, levantar la mirada más allá de un “y que le voy a hacer”, y seguir fraguando el aliento que olvidé tener como respaldo.

Lo más curioso de todo, es que una madre inculca una serie de valores en su hijo, y ésta espera (supongo), una respuesta. Sin embargo, cuando esa respuesta no es la anhelada, se puede pensar y temer que el fallo puede deshacer la esperanza, esconderla y arrancar algún “ haz lo que veas”. Entonces es aquí, en este punto desorientado, cuando ella, tras haber entendido mucho más de lo que tú le hayas intentado explicar, no comete el grave error de caer contigo, es más, es cuando tranquila y hábil, por fin clasifica el delito, y coherentemente vuelve a hacerme recordar lo que faltaba en estas letras.

Es casi imposible describir esa parte de lo que dijo que no sienten los oídos, esa parte que realmente es la que necesitaban estas ganas. Esa parte, que a mi parecer, se resume en una fuerza sobrehumana de no echar nunca el ancla en ese mar de errores, de conseguir que vuelvan a curarse las entrañas, andar hacia atrás sólo para coger carrerilla, y conseguir, al fin, que resucite el valor de ser valiente. Tal y como fui algún día, tal y como demuestra ella en cada relato de su vida.


Aquí no hay Dios que valga...




Está ella.

jueves, 10 de junio de 2010

24 o morir.

Allí, en el lugar más barroco, más monárquico y estático, es donde encuentras la pregunta que diluye el nudo agónico y retórico.
Es curioso que la furia no desprenda bolas de fuego más allá de su parcela,
incluso ignorando la templaza y arrancando remolinos
de esa vieja manía
llamada venganza.
"Yo soy yo, y mis circunstancias". Su voz y la guitarra flamenca, otra vez, me trajeron la calma.

Corazón en barbecho y corazón bomba, revienten la cinta métrica que abraza cada paso.
No hay decisión desmelenada, no hay ideas fuera de las casillas, no.
Escuchen bien: Sólo existe la coherencia cuando los retales se cosen por dentro
y el miedo decide sonreir en medio de la nada...


Son días en rojo.

viernes, 28 de mayo de 2010

Al compás.

Demasiada bulería entre tanta ola muerta.

¿Para qué vienes hoy, corazón?

Te gustaban mis letras desquiciadas, ahora todo vuelve a empezar, por tu culpa, por mi culpa, porque el roce hace el cariño.
Di que no hay mirada obcecada en la llave que lleva al todo, al diluvio de infinitas ideas erupcionando a cada silencio.
Di que está noche no habrá extrema unción cuando decida psicoanalizar mi vida.
Di que se ha marchado la ilusión de besos, cuentos, y palabras nunca dichas,
que ya no hay droga que desgaste el mapa, que se rebotan estos dos mundos.
Y a mi me explota en la cara.

Velocidad,
para todo.
Ahora sólo caben esos dos relojes precoces de amaneceres y sueño cafeinado.
Como las balas perdidas con la vista puesta en un solo paraíso.
La almohada ya te ladra, el clima seco y sus manías ya te han escamado hasta las ganas, la ruleta bajo el asfalto...
Hay muchas toallas tiradas.

-Huye...-

Pero su escondite ya se había escondido.

Hace muchos años,
hace muchas primaveras.

Hace muchos renglones ya sellados en algún grito…

Sigue bailando, marinera.

martes, 4 de mayo de 2010

Insaciable realidad.

Bullicio de estruendos, de tormentas agotadas, carcomiendo cualquier testamento fuera de las manos. Rincón donde te quedas observando absolutamente nada, llena de alguna súbita droga benévola, rociando lo que queda de tu todo. No pienses más allá que de lo vivido, no encuentres a cada expresión un lugar donde resguardar tus ideas voladoras, soñadoras. Puede, y puede 40 veces aparecer una magia extraordinaria que te haga hablar de lo que ni siquiera sientes, que te haga volver a ese cuerpo que carecía de realidad. Sin embargo te ves aquí, lejos, cerquísima, de todo el follón que te agrada vivir cada día. Y por pésima aceptación del público has acertado en dejar de no ser tú, porque al final la naturaleza es la que pierde al hombre, la que aturde con las mas humanas razones.


Quedará esa puerta entreabierta, pero nunca abierta del todo. No se hacer de la sangre un soplo de agua, no se convertirme en la playa más virgen de ese paraíso, no se agravar los problemas con explicaciones trascendentes, no se decirme a mi misma que la suerte tiene sólo 7 vidas.
 
Predecir hasta el más estúpido estimulo es derrochar todas las ganas de apartarte las incógnitas del medio, y eso… no puede ser sano.






Para que no te vea nadie, invéntate otra excusa.