Sólo hay mentes
que aunque enajenadas por el viento, nunca olvidarán que hasta el mayor epíteto del desierto, puede ser una gran obra de arte.
Inspirarte desde el más tierno repelús, hasta la más brutal congoja.
Aquí ya no quedan bloques de hierro con los que pegarte cabezazos. Tanta temperatura quizás los derritió.
Lo único claro y conciso que puedo decir, es que los dilemas psicológicos de envergadura, no me duran como tales más de dos días. Y una vez que grito, rompo el cargador de la batería histérica.
Inhalo la atmósfera salada, y la perspectiva de mi misma, ahora, podría haberse comparado con los paisajes más puros que el gran artista (que en paz descanse) capturó.
No sé tratarme como una máquina derribadora.
No sé vivir siendo una mirada subliminal.
Y cuando lo probé
fue el final del tiempo sordomudo
la resaca, duro más de un día,
y la desazón no se quedó tranquila con una sola bofetada.
Por tanto, y por no volverme loca, he decidido salvarme en mi orilla.
Con la tranquilidad de los de siempre.
Con las que se ganaron ser de toda la vida.
Con el murmullo de las olas, mezclado con la prisa a cero grados
Con el play después de las lagunas
Con los distintos acentos bailando
Con la suerte atea y descarada
Con los propósitos que nunca me propongo tras las uvas.
Con la velocidad a corto plazo.
Con la misma inefable alegría…
Por sus ojos, que me pueden.
Por tu risa, mi vida.
Feliz año.
martes, 4 de enero de 2011
lunes, 29 de noviembre de 2010
Sans toi.
Y ya cuando lo obvio se ha convertido en inevitable, en grito de autoconvencimiento… Para este lugar no hay salida de emergencia, aunque de todos modos, salir sería lo último que haría.
Y ya cuando el vaivén efímero se convierte en estabilidad pasajera, es totalmente absurdo borrar las dos palabras de siempre. Absurdo e impropio, si la madera siempre quiere arder.
Entonces escribir 24 latidos por día, me convierte en esa clase de piel al rojo vivo, que camina al paso de reconstrucciones de una noche, o que se queda casi sin respiración en la construcción de la misma.
Que todos sabemos medir las distancias, y más cuando se trata de gris y amarillo, de frío y calor. Que todos sabemos meternos donde no nos llaman, y de ahí es mucho más fácil salir.
Sin embargo, cuando sientes que todo ha sido un plan perfecto, te ves inmersa en un cuento. Y como todo cuento, se supone, que tiene un fin, se supone. Pero ya le has cogido tan fuerte de la mano, que si te suelta,
pierdes el equilibrio,
el norte
la conciencia
el calor
...
Hipotermia en el corazón.
Y ya cuando el vaivén efímero se convierte en estabilidad pasajera, es totalmente absurdo borrar las dos palabras de siempre. Absurdo e impropio, si la madera siempre quiere arder.
Entonces escribir 24 latidos por día, me convierte en esa clase de piel al rojo vivo, que camina al paso de reconstrucciones de una noche, o que se queda casi sin respiración en la construcción de la misma.
Que todos sabemos medir las distancias, y más cuando se trata de gris y amarillo, de frío y calor. Que todos sabemos meternos donde no nos llaman, y de ahí es mucho más fácil salir.
Sin embargo, cuando sientes que todo ha sido un plan perfecto, te ves inmersa en un cuento. Y como todo cuento, se supone, que tiene un fin, se supone. Pero ya le has cogido tan fuerte de la mano, que si te suelta,
pierdes el equilibrio,
el norte
la conciencia
el calor
...
Hipotermia en el corazón.
lunes, 22 de noviembre de 2010
Romeo y Julieta.
Ahora el corazón no late al compás de un pentagrama meditado, ni existe prisa que ande detrás de otro más que poner en la lista. No sabe nadie a cuantos palmos del suelo han volado sus ganas, ni se imaginan el esfuerzo sobrehumano que les supone estar una noche en camas separadas.
Ahora nadie puede convencerles de que con tan pocos besos no se puede construir otra historia. Han metido en una caja los recuerdos, dejando en el cuerpo sólo espacio para su argumento, para una larga noche en la 628, en la que por muchas ocasiones en las que se abra y se cierre la puerta, siempre estará flotando en el aire la risa de los dos.
Ahora nada tiene que olvidarse por miedo a la distancia, ni nadie tendrá que pedir perdón.
Ahora el verbo querer no parece una pérdida de tiempo, ni una piedra con la que tropezar 100 veces.
Ahora no da miedo ver el suelo desde el cielo.
Pero si el miedo aparece,
prefiero quedarme a tu lado,
pegada a tu piel y a tu aliento,
con tus manos quitándome el invierno de encima,
y así plantarle cara,
hasta que cansado de perder la batalla,
decida desaparecer
por la rendija de la ventana,
y se diluya en el frío,
hasta convertirse en nada.
Esta noche, también me harás falta...
Ahora nadie puede convencerles de que con tan pocos besos no se puede construir otra historia. Han metido en una caja los recuerdos, dejando en el cuerpo sólo espacio para su argumento, para una larga noche en la 628, en la que por muchas ocasiones en las que se abra y se cierre la puerta, siempre estará flotando en el aire la risa de los dos.
Ahora nada tiene que olvidarse por miedo a la distancia, ni nadie tendrá que pedir perdón.
Ahora el verbo querer no parece una pérdida de tiempo, ni una piedra con la que tropezar 100 veces.
Ahora no da miedo ver el suelo desde el cielo.
Pero si el miedo aparece,
prefiero quedarme a tu lado,
pegada a tu piel y a tu aliento,
con tus manos quitándome el invierno de encima,
y así plantarle cara,
hasta que cansado de perder la batalla,
decida desaparecer
por la rendija de la ventana,
y se diluya en el frío,
hasta convertirse en nada.
Esta noche, también me harás falta...
miércoles, 3 de noviembre de 2010
.
A tiempo y destiempo tintando de rojo ocho paredes que no se miran.
A galope y al paso camina ahora la vida, despachándose de miradas que al llorar en lo más hondo sueltan puñales frustrados
Al ritmo del Bob Marley que me dice que no llore, nos fumamos el aire sin prisas que nos pisen los talones, con la muchedumbre haciendo el coro.
A base de fantasmas que reían, se descubrió que el cielo gris era un telón mofándose de todos.
Al cabo de ese segundo inquieto y bipolar, la sal del mar regeneró la piel de la que quiso abandonarse, sin compañía ni consuelo, en el Km. O de su propio desierto.
Y después, ya desenmascarado el miedo, y realizado el intento de encontrarse en una historia ajena, decidió retomar la suya propia, en su diario sin candado, con la caja azul consigo, con las manos que acariciaban lo mundano, con la mirada puesta en sus dos realidades.
Sacudió la arena incrustada de su piel.
Se sentó delante del espejo,
se miró,
y sus labios comenzaron a estirarse
a una velocidad descomunal.
Ya era hora, princesa.
A galope y al paso camina ahora la vida, despachándose de miradas que al llorar en lo más hondo sueltan puñales frustrados
Al ritmo del Bob Marley que me dice que no llore, nos fumamos el aire sin prisas que nos pisen los talones, con la muchedumbre haciendo el coro.
A base de fantasmas que reían, se descubrió que el cielo gris era un telón mofándose de todos.
Al cabo de ese segundo inquieto y bipolar, la sal del mar regeneró la piel de la que quiso abandonarse, sin compañía ni consuelo, en el Km. O de su propio desierto.
Y después, ya desenmascarado el miedo, y realizado el intento de encontrarse en una historia ajena, decidió retomar la suya propia, en su diario sin candado, con la caja azul consigo, con las manos que acariciaban lo mundano, con la mirada puesta en sus dos realidades.
Sacudió la arena incrustada de su piel.
Se sentó delante del espejo,
se miró,
y sus labios comenzaron a estirarse
a una velocidad descomunal.
Ya era hora, princesa.
martes, 26 de octubre de 2010
Resumiendo latidos.
Cómo olvidarse de un invierno tan largo y pasajero a la vez.
Cómo olvidarse de los trastos que me tiré encima, de los trapos sucios que nunca lavé.
Cómo olvidarse de un retorno a la edad crítica, de un rodeo por el máximo exponente de la inconsciencia.
Cómo olvidarme de ti si a la vez pretendía quererte y no quererte, y sendas cosas se quedaron tiritando en el intento.
Cómo olvidar que me subí a lo alto del cielo algún día, que imaginé ser la pionera en el amor, haciéndote caer sin haberlo querido, hasta el suburbio más negro de tu cárcel.
Cómo olvidar que mi cabeza terca e inconsciente se moría de ganas cada viernes de pisar ese bar de enajenación mental.
Cómo olvidarte si esos meses fuimos el secreto peor guardado y mejor invertido, con las ganas de meterme en tus pupilas por un lado, y la prisa de sacarme los resquicios de un amor estancado por el otro.
Cómo olvidarme de lo fácil que sentí perdonar tus ojos rojos, que siguen siendo una proposición indecente, aunque nunca más volvamos a fumarnos el humo de tu moto camino hacia el edén.
Una caja llena de recuerdos encendidos, bailándome las horas, atándome los cordones a cada paso, y gritándome cada día más alto quien fui y quien soy.
Así podré convertirte, si algún día se nos deshoja el corazón, en otro capítulo vivo de esta historia.
Pero la tinta hoy, se conforma con dibujarte sólo a ti en mi cabeza.
Cómo olvidarse de los trastos que me tiré encima, de los trapos sucios que nunca lavé.
Cómo olvidarse de un retorno a la edad crítica, de un rodeo por el máximo exponente de la inconsciencia.
Cómo olvidarme de ti si a la vez pretendía quererte y no quererte, y sendas cosas se quedaron tiritando en el intento.
Cómo olvidar que me subí a lo alto del cielo algún día, que imaginé ser la pionera en el amor, haciéndote caer sin haberlo querido, hasta el suburbio más negro de tu cárcel.
Cómo olvidar que mi cabeza terca e inconsciente se moría de ganas cada viernes de pisar ese bar de enajenación mental.
Cómo olvidarte si esos meses fuimos el secreto peor guardado y mejor invertido, con las ganas de meterme en tus pupilas por un lado, y la prisa de sacarme los resquicios de un amor estancado por el otro.
Cómo olvidarme de lo fácil que sentí perdonar tus ojos rojos, que siguen siendo una proposición indecente, aunque nunca más volvamos a fumarnos el humo de tu moto camino hacia el edén.
Una caja llena de recuerdos encendidos, bailándome las horas, atándome los cordones a cada paso, y gritándome cada día más alto quien fui y quien soy.
Así podré convertirte, si algún día se nos deshoja el corazón, en otro capítulo vivo de esta historia.
Pero la tinta hoy, se conforma con dibujarte sólo a ti en mi cabeza.
sábado, 23 de octubre de 2010
Negro.
Lo contrario seria achicarse el alma y perderse en un sudor de efímera espera.
Lo último que hiciste cuando todo iba montado en tu escalera era plantar pocas ganas de conocerte. Y hoy seguramente que podré inhalarte mucho más rápido que antes, porque no es tan fácil llegar a una vida nueva y reconocerte en cada uno de esos tres corazones. Y no es tan fácil porque en estos tiempos que corren la incoherencia camina por las calles cual cucaracha radiactiva.
Pero que queréis que os diga. Las quiero con toda mi alma.
Porque un pasadizo frío se calienta con sus risas. Porque si fallo con las dudas más intensas del presente ellas me dirán que nos vamos a fumar un pei,
que nos vamos a morir de alegría respirando nuestro aliento,
que cada una me dará un cacho de su ser,
prometiendo que harán de mi alguien valiente.
Y os creo, porque sois mi conciencia.
Y os tengo, porque le planto cara al futuro con vosotras a mi vera.
Lo último que hiciste cuando todo iba montado en tu escalera era plantar pocas ganas de conocerte. Y hoy seguramente que podré inhalarte mucho más rápido que antes, porque no es tan fácil llegar a una vida nueva y reconocerte en cada uno de esos tres corazones. Y no es tan fácil porque en estos tiempos que corren la incoherencia camina por las calles cual cucaracha radiactiva.
Pero que queréis que os diga. Las quiero con toda mi alma.
Porque un pasadizo frío se calienta con sus risas. Porque si fallo con las dudas más intensas del presente ellas me dirán que nos vamos a fumar un pei,
que nos vamos a morir de alegría respirando nuestro aliento,
que cada una me dará un cacho de su ser,
prometiendo que harán de mi alguien valiente.
Y os creo, porque sois mi conciencia.
Y os tengo, porque le planto cara al futuro con vosotras a mi vera.
jueves, 14 de octubre de 2010
Camino.
Solía no arrastrar el agua de los charcos, ni dejarse llevar por el mal humor de las tormentas. Andaba creyendo tener una manta invisible, dentro de la cual se imaginaba la vida de cada mirada transeúnte, volando hasta erizar su bello.
No sabía malgastar el tiempo con excusas y vergüenzas, todo sonaba al compás, cada golpe y cada escalón subido. Después, se tiró al agua con el corazón en la garganta, con los ojos más rojos que el demonio, y los días agredidos con esa forma equivocada de utilizar el arte. Se despachó de todo asunto que le concernió, como aquel que olvida el reloj y se acostumbra a vivir sin él. Y creyó que todo estaba perdido. En ese momento fue cuando erró, en el momento en el que cerró la puerta a cal y canto, atornilló su alma, y se dejó abandonar como un perro en la perrera.
Aunque cueste adivinarlo, el camino siempre queda donde tú lo dejaste.
No sabía malgastar el tiempo con excusas y vergüenzas, todo sonaba al compás, cada golpe y cada escalón subido. Después, se tiró al agua con el corazón en la garganta, con los ojos más rojos que el demonio, y los días agredidos con esa forma equivocada de utilizar el arte. Se despachó de todo asunto que le concernió, como aquel que olvida el reloj y se acostumbra a vivir sin él. Y creyó que todo estaba perdido. En ese momento fue cuando erró, en el momento en el que cerró la puerta a cal y canto, atornilló su alma, y se dejó abandonar como un perro en la perrera.
Aunque cueste adivinarlo, el camino siempre queda donde tú lo dejaste.
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